jueves, 10 de octubre de 2013

APARECIDA LUZ...



                                    dejando lejanía como un beso
                                                       Vicente Aleixandre



Aparecida luz, fugaz memoria
que dice el testamento de su estirpe.
En la trazada línea
que separa el fuego de dos cuerpos,
los rincones de la piel o la ceniza del poema
como una escena interminable.
Como una casa en ruinas
la proclamada luz que va dejando su fulgor
aún más breve.
Como el párpado cortado por el frío.
La mirada recorre con la muerte
las agujas del cielo desatado.
Una soledad
que no termina en un paisaje,
ni deja abolidos los recuerdos,
ni la lluvia inalterable y agitada
de las tardes de verano oscuras.
Como los horizontes que muerden
manos en lejanías coronadas,
la voz que ya es residuo de la carne.
Como una cítara que suena y no se sabe dónde.
Como el vértigo de hilos sin pupila
en el perímetro de un ojo sin decoro.
La luz aúlla en tanta vida,
resplandeciente signo sin descanso,
lugares que definen lo inmortal.

Como el pan celeste o el rumor de las gaviotas,
a la tierra todo vuelve y reconoce
sus últimas fronteras habitadas.





8-10-2013

viernes, 12 de julio de 2013

AGITA LAS HOJAS...




Agita las hojas el viento huracanado.
Comprendes la belleza
con el dolor de lo que acaba.

Este árbol tiene sangre
igual que el pájaro.
Condena del tiempo y de la voz.
Signo de una furia enfebrecida,
quién lo diría ahora
si no estuviera aquí, pulsado
como rito entre las cosas, llevado
e impelido. Qué signo diferente,
qué señal levanta su estatura
en un lugar sin apariencia.
(De mirada vencida por tanta mansedumbre).
La belleza de amar en lo que pasa,
pátina que no reduce su desgaste.

Caminas por el campo y es verano.
Hay una secreta transparencia.
El viento sigue y te recuerda
que no sabes. (Nada conoces). Nada
en los agitados árboles, hojas del párpado
que perteneció a los mismos ojos.
Sigue cuidando el día
toda la luz robada. Suena la belleza
entre la música del tiempo. La alegría de vivir
está en tus manos (sangre y fuego
que se agitan). Aquí
no sigas mirando. Aquí sólo cierra
tus ojos y encuentra
ese silencio. Las llaves
del antiguo corazón
que no se muestra. Al fondo está la tarde
y otro día empieza. Todo sigue
y renace. El mar es un cuadro
bajo el cielo. Todo el rumor
de lo que muere. (Escucha,
escucha). Muestra el don inexpresable,
el legítimo gozo de la vida,
la sencilla belleza de las cosas.



-
L.

CAMINA...




Camina sobre puentes vacíos
en la pausada música del viento.
Se extingue a su paso
la revelación del miedo. Conoce
los lugares que habitó
en antiguos días ya olvidados.
El tiempo era un cadáver,
barro en los perfumes
de esa luna que nacía
en los ángulos del mundo.
Ante un rostro de luz
mira en silencio la materia.
Recorre la última lámpara,
figuración extrema,
fiebre sin descenso,
sueño que no abre
los tallos de su flor.
Rincón nocturno y su intemperie.
El piano sagrado que sonaba
en las horas más altas del verano.
¿Dónde el temblor
de las bombillas, las cuerdas
y signos desvelados? ¿Y todo
el mirar del alba
en qué otro sueño
fue rodando? ¿Qué vigilia
en su escondida muerte
halló las vértebras del día?
¿Qué latido de qué sangre?
¿Qué sonora delgadez
que repta por costados
sin aliento? Y en tu carne
la memoria está vencida,
viviendo con la noche
más allá de lo muriendo.



-
L.

martes, 2 de julio de 2013

EN...



                                         bajo la ley del mediodía absorto
                                                                       OCTAVIO PAZ


En la ocurrencia sagrada de la noche. Y
los ojos que preguntan dónde mueres. En
la voz que se tensa sobre el río. Y
los huecos de la lluvia sonando en el silencio. En
las cansadas cuerdas del amor. Y
los párpados que abren la memoria. En
el sueño que colgaba del instante. Y
las letras de agua de tus manos. En
las inmensas despedidas que no nacen. Y
la abierta soledad del día. En
la tarde olvidada de los pájaros. Y
el campo que fluye y se remansa. En
las horas del cuerpo que inventó la luz. Y
el poema que nace en lo visible. En
la tela del reino de la fiebre. Y
el insomne que mira y que pregunta. En
el paso evaporado de tu nombre. Y
el grito absoluto en la penumbra. En
el amarillo páramo naciente. Y
la sangre sin dios de la libélula. En
la nube que recorre

un más antiguo cielo. Y
las pestañas del ángel. En
el límite oblicuo de la llama. Y
tu voz que es canto y permanencia.

martes, 4 de junio de 2013

LA MENTIRA DE LA LUZ



Son huellas en la nieve,
rastros que quedan
en la memoria escondida de la infancia,
coronados sonidos que se mueven
hacia días sin aliento, círculos de luz
que van cayendo
y lejos deshacen su sueño:
el límite de lo ilusorio
en lo real del instante,
la flor arrancada en la azul misericordia,
el engaño de la fruta y el secreto
páramo donde aprendiste a caminar
solo. La playa
donde un rostro
se alejaba de su sombra,
la ciudad donde miraste
el corazón de la tormenta,
el zumo del tiempo
servido en el temblor
de la derrota. Aquí la luz
te duele en el costado, te envuelve
y te sumerge en su desnuda transparencia,
y te lleva a otro reino
donde los días son historias
que nunca se cuentan.




31-5-2013

miércoles, 24 de abril de 2013

RUMOR CONTIGO



                            porque entre un labio y otro colorado
                           Amor está, de su veneno armado,
                           cual entre flor y flor sierpe escondida.
                                
                                                                                Luis de Góngora


Lo dijo el sol de abril
aquel libro goteando
sobre párpados cansados
de dónde sale toda esta alegría
no encuentra la fiebre este pájaro escondido
la mentira de la luz en los límites del beso
el poema recorrido por la sangre
hacia los sonoros pasos del alma
esos aullidos que terminan cuando el frío es gris
y dibujas la última palabra
naciendo de otros labios
la carta en el camino
cuidado con el gesto de la muerte
lo unánime está aquí
lo que arde es lo cautivo
los relojes blandos los pianos
saliendo de la tierra
y el tumulto del aire entre la sombra del día
qué río se define en este encuentro
qué certeza con lo nunca
qué bautismo con lo sido

cómo los minutos rompen
el hechizo
cómo la cadencia interminable de las luces
dicta el último sonido de las plantas
que crecen tan despacio

las sílabas en tu lengua
tan ocultas

las horas cayendo
sobre la extensión de tu infinito cuerpo

la afirmación de la noche
en esta música
contigo




Luis Llorente

jueves, 11 de abril de 2013

INCENDIADAS REPÚBLICAS VERANOS




Incendiadas repúblicas veranos que se han ido O
la luz que rompe desde el mar los signos quién
se esconde tras la puerta y la belleza de lo dulce O
la muerte que viene a enmudecerte qué paisaje
repite su nombre sobre toda la llanura O
el viento que muerde las esquinas cómo has visto
las pérdidas del tiempo sin la espesura de los animales O
la ruina que agita lo salvaje qué vértigo modifica
su ascendencia y recoge los frutos del corazón inmortal O
la historia que empieza en los rincones del eclipse cuánto
debe llover esta mañana para que me mires llorando O
los perros que aceleran las semillas del miedo dime el nombre
de las cosas que no tienen nombre O
los guantes que persiguen el sepulcro dónde has estado
todo este tiempo sin mí y por dónde has salido a la vida O
este canto que sangra y se repite hacia qué lado de la sombra
estalla el beso último de lo que nunca tiembla O
el águila que descifra otro lugar los bullicios los silencios
incendiados en el páramo la música eterna de tu rostro O
las sonámbulas agujas que se clavan en la carne la memoria
la muerte es todo en este espectro los cristales rotos O
las vencidas montañas que regresan en silencio y esperan otro
canto inmemorial o signo o llave de otra sombra O
el cáncer del crepúsculo y la memoria naciente de todo lo olvidado
el paso suspendido en la ceniza tu vientre acabándose O
quién ha vuelto a quitarse la boca para decir un poema
con los ojos


-
Luis Llorente
(De Nunca: libro de poemas radicales comenzado en 2011)