viernes, 20 de mayo de 2011

un poema muy malo

Quiero meterte mi boca en tu boca
como un sueño, ascender lascivo en tu garganta,
lamer el aire en que reposa toda la muerte
de toda la luz. Extinguirme contigo
y húmedo abrazarte. Meterte mi lengua
hasta meterte otra cosa
cuyo nombre no es demasiado romántico.
No es demasiado romántico
como no son los soles hundidos
como frutos desolados
o páramos que entregan su silencio y su venganza,
su soledad, su olvido. No es
demasiado romántico que diga estas cosas ahora,
intentando acariciar tu nombre
como se acaricia el mar en un naufragio.
Quiero entonces meter mi boca en tu boca
y que asciendas conmigo
como en una transparencia,
en esta mañana que empieza radiante,
en este día de mayo, habitada claridad,
refugio donde pongo mis labios
como avionetas sobre el agua,
y el agua como cuerpo de río que corre y que se alarga hacia los puentes
de Dios. Y Dios como un secreto devastado
en que reposa otro dios, y otro dios a su vez
está llegando con la noche. Y allí quedarnos
y acercarnos a la muerte con tanta alegría,
con tanta plenitud, con tanto cautiverio,
como una cárcel donde todo basta.

Quiero meter mis ojos en tus ojos,
mi cuerpo en tu cuerpo,
mis labios en tus labios.

Quiero escribirte este poema
y que entiendas que te he amado
todo este tiempo sin saberlo.

Quiero decirte lo que no sabías
antes de que llegara aquella nube.

Y Dios como un secreto devastado
que se esconde y que oculto avanza,
casi oculto
como luz de un disparo que consiguió salir del paraíso.

jueves, 19 de mayo de 2011

EL CALOR AUMENTA LA LASCIVIA

El calor aumenta la lascivia. Amar en 20 minutos y dejar la órfica flauta goteando muerte, mística, con los ojos en blanco y sudando como un cadáver vivo en un nicho a 40 grados y angustiosamente sin espacio para moverse y poder rascarse los picores de insectos.

Miguel de la Cruz

miércoles, 18 de mayo de 2011

MAÑANA LENTA

Si todo recomienza
fíjense por qué.
La calle, mis pasos, pasar pasando hacia la nada.
Hacia nadie. Hacia un ojo que se escribe en la tormenta.

Hay un lugar en cada esquina
del aire, una desnudez
última, una línea que separa
mis ojos de los tuyos.

Y cuándo he de saber que esto no es mío,
que esta es mi vida, tal vez,
que esta es mi muerte que comienza
y se va secando como vieja raíz.

Los párpados, el pulso del instante,
de una boca, de este nombre húmedo,
de este silencio antiguo y transparente, bello
y azul, azulmente puro, concreto y nítido.

Comprensible y cierto, este es el camino.
Mis pasos, mi sangre, mis pasos.
Los zapatos quejándose del suelo.
El pulso del reloj, el pulso de la sangre.

La sangre del reloj sin descendencia.
El poema que se aleja y que comienza
exactamente cuando acaba. (Es cierto:
todo empieza cuando acaba).

La mañana lenta me persigue.
(O yo a ella.) Avanza nítida, pura, correcta.
Es un fragmento de inmensidad
y no lo entiendo.

Y yo no sé qué he de decir
ni qué debo pensar. Sólo sé que la alegría
avanza por esta tierra cautelosa y virgen,
como un extraño tiempo donde todo basta.


Luis Llorente
Salamanca, 18 de mayo de 2011

miércoles, 11 de mayo de 2011

EL BESO

Ella se sentó al lado del deseo. Allí estaba la tarde enrojecida. El día ya no era blanco. Había comenzado a encenderse y a incendiarse. Era extraño. Él se sentó a su lado,
y empezó a notar que cada brazo era una sílaba dentro del aire,
cada mano, cada dedo, cada uña. Él tenía veinte ojos ardiendo sobre el agua. Ella tenía
veinte ojos ardiendo sobre el agua. Y le amaba. Y un beso era como un espejo convexo,
el ojo ajeno que nos busca en cada instante del amor. Y ella era la luz,
y él tenía el nombre del fuego, y ella era la luz, y él tenía el nombre de la lluvia,
y ella era la luz, y él tenía el nombre del invierno, y él empezó a ser la luz,
y ella empezó a tener el nombre del fuego, y él ya era la luz,
y ella tenía el nombre de la lluvia, y él era la luz, y ella tenía el nombre del invierno,
y juntos se encendieron y el mes de mayo corría como un perro entre dos ríos celestes,
como una lágrima de viento entre los árboles:
cualquier sonido era una partícula de música, ebria, incesante, mágica,
punzante línea, cuchillo de luz: eran luz, eran de luz, eran la luz,
y entonces la maleza se quemaba como se queman las casas en la memoria,
como una fotografía en sepia donde sólo el sueño cruza el ángulo del ojo,
como un piano que sangra por su propio oído. Y ella era el viento. Era fugaz.
Y él la amaba. Y era fugaz. Y ella era esa boca inmensa como un túnel.
Y era fugaz. Y él era el deseo al lado del deseo. Y era fugaz.

Sangraba por los ojos. Sangraba por las manos. Sangraba por la boca.
Era el otoño de su cuerpo, pudriéndose de alegría.
Era el tumulto de las raíces que se encierran para destruir las venas de la tarde.
Era el espejo incendiado y los cristales esparcidos en el laberinto.
Era la bala silbando en el desierto, alargándose hacia Dios, recogiendo
las últimas rosas del mundo.
Y todo era fugaz. Y ella era el deseo al lado del deseo.

Era fugaz. Pero duraba.


L.
11 de mayo de 2011

NOCTURNO INFINITO

y fulge una sonrisa que se congela frente a las estatuas desnudas
                              SALVADOR NOVO

Sálvate
del nombre. Labios
que salen, labios
que entran. Búscate
la noche. Búscate la vida.
Arde con las luces del violín.
Arde con tus manos
que siempre aman lo que tienen,
que siempre desean
lo que no tienen.
                         Raíz
de muerte
sobre el labio, conjuro de amor
en el extraño laberinto de la noche. Raíz
de vida o luz que llega, que entra, penetra
y sale despacio hacia otro árbol.
Llamean las palabras
desvestidas en la espera,
desnudas como un acertijo a punto de morir,
y la sangre, y los siglos que ruedan por la boca de una noche,
y las ruedas, las ruedas que giran en silencio y nunca se [detienen
porque saben que el amor existe en el Espacio.

EL COMIENZO

                          A Laura

Enciende las luces
proclama tu llegada
escribe otro poema

sé que estás ahí
mirándome
debajo de la lluvia
debajo de este día sin lluvia o de sol o de luna
es mayo y se parece a la esperanza
tiene puertas abiertas para el canto todo saldrá bien
es la tarde o la noche son lo mismo y yo me detengo aquí
para esperar tu lumbre

Enciende las luces
proclama tu llegada
escribe otro poema

sé que estás aquí
he venido a encontrar tus ojos
desnudos e invisibles
riendo mientras miran
riendo mientras aman
y comienzan como un nombre
como este río antiguo que se alarga lento hacia tus pasos

sé que te conozco
sé que estás ahí
y que siempre fuiste mía
sé que te amo y no puedo brillar con más música que este silencio que me invade

Enciendo las luces
proclamo mi llegada
escribo este poema


L.
11 de mayo, 2011

martes, 10 de mayo de 2011

SOLEDAD


Ya no buscas la costumbre
de parecerte al frío.
Has vuelto a casa
y has abierto la ventana
con un cuchillo. La soledad
temblaba en la ventana, era mayo
y todo parecía más extraño. Sólo
un llanto
sobre tu nombre vacío, sólo
un ruido
sobre el cadáver de la luz.

Ahora prefieres esperar
a que llegue la noche sin venganza.
La silla, la ropa, los papeles
y los libros en la mesa
donde empiezas a morir.
Has abierto la puerta
con un cuchillo.
Te has asomado al balcón
y has encendido tus manos
calientes como nubes.
La música sonaba, la soledad sonaba, el abandono sonaba.
Y ahora te quedas con el vértigo,
la urdimbre de otra luz que llega,
te miras y te alejas de ti mismo
sin saber muy bien a dónde vas.
Te has mirado al espejo. Te salían
árboles por la boca, raíces largas
y secas como una tarde antigua;
has golpeado tu rostro
para comprobar que estabas vivo.


L.
7/5/2011