lunes, 5 de septiembre de 2011

LA MIRADA INCIERTA


En mi mirada lo he perdido todo.
                          Alejandra Pizarnik

En mi mirada lo he perdido
todo. Uno ahora intenta
descrifrar paisajes, sobrevolar
el tiempo y la distancia. Y no hay espejo que no diga
otra luz, que no entregue su cuerpo muerto a la memoria.
Y aquí nos vamos muriendo. Aquí me voy quedando,
como un ratón abandonado en un sueño de la infancia,
en un agujero que regresa de la noche,
en un pájaro que imita la voluntad del mar.
Miramos y vemos pero con qué torpeza.
La rosa exige la belleza. El rostro, la caricia,
los pasos mundanos entre el mundano ruido y su áspera
figura indolente. Aquí vamos muriendo,
lo vamos perdiendo todo
y no sabemos qué ojo colocar sobre esa rama,
qué sueño tejer con esta música,
dónde inventar otro olvido, un lugar inexistente,
un sentido que no es, un pulso que acaso nos lleva a la brisa
y de la brisa vuelve al alma. 


Luis Llorente

viernes, 10 de junio de 2011

LUGAR SECRETO

                                a las siete y seis minutos de la tarde,
                                me convertiré en una isla.

                                                            VIRGILIO PIÑERA

Mis ojos conocen el secreto de este mundo.
Me reduzco a la sombra, el día distinguido ya no dicta su fuego,
el abismo se inclina. Esa guitarra
viene hasta mis labios, se parte
como un centro inaccesible, y empieza a ser
parte de esta ceremonia: música de frágiles
instantes, música o temblor sobre los largos dedos de este día.

Mis ojos están aquí: luego dejarán de estar.
Mis manos están aquí: luego no estarán.
Mi cuerpo es un puente invisible en medio de la lluvia,
y el alma tiene la culpa de esta muerte.
Luego el tiempo seguirá pasando.
Ahora está aquí, y pesa su larga línea sobre el aire,
entre los nudos de la luz, en la frente abierta
de un hechizo que sangra. Y suena esa guitarra,
suena lejos y ahora ya no hay nadie, y sólo vine
a encontrar este lugar, esta magia, esta brisa
reciente como un pulso anónimo. (Sí, sólo he venido
para esto):
para saber que un árbol crece dentro de un árbol,
que un corazón fantasma puede resucitar en el rincón perdido de una plaza,
que yo he estado aquí otras veces
y juro que hay un tiempo común en todo esto, un lugar secreto
que ahora existe, y empiezo a habitarlo muy despacio,
con la lentitud del aire que se mueve hacia otro tiempo,
y esa música está creciendo
como crece un niño cuando mira el mar,
como crece un barco cuando una lágrima se hunde.
(Cifra de fuego que entrega su alegría).
Esa música está creciendo
y yo estoy aquí
y luego no estaré.
Y la memoria es una puerta
o un vagón hacia la muerte,
un espejo antiguo, una ventana azul,
un hombre vivo que recorre su costumbre.
Y ahora estoy aquí,
tratando de captar este momento. Y ahora
es el poema sólo esto, un desierto de palabras,
un vacío que queda tras la luz, esta brisa, este amor,
este viento de junio.
(Viento breve, brisa breve: alma breve).

Y estoy en un lugar secreto,
la rutina que me salva de la muerte.



Luis Llorente
Para el poemario Nunca
10-6-2011 (escrito a raíz de escuchar al hombre que toca la guitarra española cada tarde junto a la torre de la catedral de Salamanca)

viernes, 3 de junio de 2011

ESTOY BORRACHO

Estoy borracho.
Miro pasar las cosas
desde esta ventana, incierta como un destello,
como un cuerpo que no cabe en una boca,
como un mensaje preparado para nadie,
como un lugar que no existe.
Es un río de cosas
y el agua a veces se parece al fuego.
Es un río de cosas
y la noche es blanca y larga. Ha pasado.
(Tal vez estos ojos sean el rostro de la vida.
Tal vez no tienes esperanza alguna de decir amor,
de nombrar la muerte).
Los relojes duermen. La ceniza acaba. La noche comienza
largamente como una mano amarilla saliendo del olvido.
Y la mano no era un árbol. Era el amor, era la luz, la música, quizá tu cuerpo.
Sí, yo lo recuerdo. Yo lo recuerdo y no sé qué tengo escondido en el corazón,
qué raíz está latiendo al fondo de esta brisa, encendida y únicamente mía.
Y nunca, y siempre, y todo, y lo que está lejos, y lo que termina.
Todo es una frágil apariencia
de rostros, de lugares, de cervezas. Estoy borracho.
(Tocaría ahora la espalda de Conchi, los labios de Laura, la sonrisa de María,
los ojos de Clara y su voz de niña.)
Todo es un ensayo del deseo, una canción que se parece al mar,
una ausencia presente o una espera.
Todo es un amor como una línea floja
borrándose con el vacío.
Todo es este cuadro místico, esta pintura desgastada,
este acierto del alma. Todo es esta extraña
metáfora encendida, este pulso
que sale de mis manos, estas ganas de comprar un alma
con mi alma. Y estoy borracho,
y lo sé muy bien en este día, y no sé qué poema
decirte junto al fuego, no sé qué aire, ni qué luz,
no sé por dónde empezar esta batalla.


Luis Llorente (Segovia 1984)

miércoles, 1 de junio de 2011

SI YO...

Si yo al pájaro lo miro
y te amo con soledad de muro
y si yo al pájaro lo miro
y te digo con abrazo de niño
y si yo al pájaro lo miro

y encuentro una palabra insatisfecha
y la muerte no es un túnel.

Si yo a la noche me parezco
y si tú a la noche te pareces
entonces la explosión será inmensa
y las bocas colgarán de las mejillas
y las lámparas temblando hacia la muerte
estarán abiertas
como todo el aire que concluye en la sombra,
como todo lo que entrega su abandono
a cada incierto ángulo, a cada día ido,
a cada plaga yendo, a cada sol que huye,
a cada herida lenta, a cada sed cautiva,
a cada mano de luz, a cada hechizo
tumbado sobre el polen.

lunes, 30 de mayo de 2011

Y PASAS TAN RÁPIDO...

Y pasas tan rápido
y eres un faro triste
y ya no vuelves.
Ya no te vuelvo a ver
como la noche, como el día
que renace en la ceniza, o llama que renace,
o fulgor perenne, grito largo, boca sonámbula,
manantial de espejos tibios, muerto de mí,
frágil apariencia, desolado fantasma, incesante ruido
infinito,
y te miro y te miro y te miro y te vuelvo a mirar
y eres ya la misma que ha dejado de ser esa,
estabas ahí, en esa calle donde los cuerpos amaron,
donde una bala de luz se disparó en lo oscuro
para iluminar la noche.

Y te veo y ya no sé de ti, no conozco
ninguno de tus límites
porque ahora te extiendes como el mar sobre la tierra,
cifra de fuego, alucinada niña ausente,
ventana ardiendo
sobre mi rostro llorando como un perro escondido en el frío,
alucinada niña frágil, dime por qué el amor es esto,
qué significas en este bosque de apariencias engañosas.
Alucinada niña ausente,
sombra que creces hacia dentro,
inmenso corazón interminable.


L.
30/5/2011

jueves, 26 de mayo de 2011

ANÁLISIS DEL MUERTO


Pasó la luz
y se quedó pensando
en las orillas secas de la tarde.
Esquinas sucias, como un balcón que huele a muerto.
Y no iba yo a conocer
la mirada de aquellos que retornan,
como una profecía o un cumplido.

Sólo así podría suceder
el tiempo fragmentado
como frágil amor a los crepúsculos,
las orillas de un cielo que empezaba
atormentadamente destruido.

Coja usted ese libro
y pregúntese por qué ese poema
no es el mismo que aquel que leyó ayer,
aunque esté en la misma página.


Luis Llorente
26 de mayo, 2011

Para el poemario Nunca

domingo, 22 de mayo de 2011

SOLILOQUIO DEL INSOMNE

Déjenme en paz.
Esta noche de silencio
aprendido y recordado, escribo de nuevo
unas líneas sin saber a dónde.
El viento se quedó con el vacío.
Y el vacío colgaba de las manos.
Y las manos, hoy, una noche de mayo a la intemperie,
húmeda y de insomnio, y recorro la memoria de la lluvia
que sucedió hace un rato. (Ahora no llueve,
y no sé en qué pensar
ni qué decir para inventar una hora más,
o un minuto que no sea devastado, y no sé entonces
si tú estás allí, a lo lejos, mirándome
con rostro de insolente dios, o si soy yo el dios
que espera tu llegada). Humanamente solo,
estoy aquí escribiendo, con insomnio
y lentamente y en silencio, y es eso tal vez
la flor del día que se apaga
como distancia entretejida que no vuelve,
como voz sobre el silencio que empezaba
en esta tarde gris y sin aliento. (Y recuerdo
aquel tango: qué ganas de llorar…)

La música es entonces
un cajón sobre la muerte,
escondido faro
en un puerto repleto de preguntas
vacías, de nombres vacíos, de fechas mudas,
y casas y casas a lo lejos, y recuerdo el mar,
mi familia de la costa, y no sé dónde estoy
ni quien llega en esta hora, ni sé quién soy
cuando dentro de otras horas de tiniebla esté dormido
y mi cama sea un nicho
que se esconde en el bosque del tiempo,
quién seré en eso que ya habrá pasado, qué identidad
sucede en cada límite de muerte, en cada sueño que escribo,
y el vientre del amor, y los ojos del amor,
y todo esto que es la vida, pues soy joven
y a veces muestro mis poemas a un amigo, a un niño muerto,
tal vez a un pájaro que esconde en sus alas las heridas de este mundo,
y no sé ya qué digo,
                              qué lector
temblará en esta respuesta,
qué acertijo descifra
los perfiles de esta noche anónima, una más
que se consume, una más
que ya no vuelve, un velo de ceniza
cubierto por el miedo, atravesado por la vaga luz
de la tristeza sin nombre, definida a veces
en una lágrima oscura
sobre mi rostro fantasma, y mis ojos
traspasan el alma cuando me miro al espejo, cuando sé
que estoy vivo
y cuando sé que no sé quién soy.


Luis Llorente
23/5/2011
3:50 h.
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